Extremadura también destaca por albergar singulares y hermosas juderías, testimonio de un pasado en el que distintas culturas convivían en armonía. Destacan en especial las de Cáceres, Plasencia, Hervás, Valencia de Alcántara, Alburquerque y Burguillos del Cerro.
En Cáceres, un recorrido por su judería puede comenzar perfectamente en el Museo de Yusuf al Burch. Los baños subterráneos, datados alrededor del año 1100, podrían haber funcionado como un mikvé (baño ritual judío), lo que indicaría una presencia judía anterior a la reconquista cristiana.
A lo largo de los siglos, la comunidad judía de Cáceres creció y prosperó, especialmente durante el siglo XV, convirtiéndose en una de las más importantes de Castilla. No obstante, en 1470, los judíos fueron obligados a trasladarse fuera de las murallas de la ciudad, estableciéndose en una nueva judería cerca de la Plaza Mayor. Esta situación perduró hasta 1492, cuando el Edicto de Expulsión de los Reyes Católicos forzó a los judíos a abandonar España, poniendo fin a siglos de presencia sefardí en Cáceres.
Hoy en día, el legado de la judería de Cáceres es palpable en el barrio de San Antonio, donde la ermita homónima se erige en el lugar de la antigua sinagoga. Las calles conservan la estructura y el encanto de épocas pasadas, permitiendo a los visitantes sumergirse en la historia y la cultura sefardí que una vez floreció en la ciudad.
Además, Cáceres forma parte de la Red de Juderías de España, una asociación de municipios que promueve la conservación y difusión del patrimonio judío en el país.
La ciudad ha reforzado la señalización de sus juderías, colocando placas en lugares emblemáticos como la ermita de San Antonio y el Palacio de la Isla, facilitando a los visitantes la exploración de este patrimonio histórico.
Plasencia
La judería de Plasencia, situada en el noroeste de la ciudad amurallada, fue un enclave significativo para la comunidad judía desde la fundación de la ciudad por Alfonso VIII en 1186. Este monarca otorgó a los judíos un estatus de protección, permitiéndoles tener su propia justicia para resolver pleitos civiles y criminales entre ellos.
El barrio judío se concentraba alrededor de la judería de La Mota, en la actual plaza de San Nicolás, extendiéndose desde Santo Domingo el Viejo y la calle de Caldereros. En este lugar se encontraba la Sinagoga Vieja, que más tarde pasó a ser la iglesia de San Vicente Ferrer y, en la actualidad, se erige el Parador de Turismo.
Durante siglos, judíos y cristianos convivieron en diferentes emplazamientos de la ciudad, con excepción de los periodos entre 1412-1420 y 1480-1492. Sin embargo, en el siglo XV, la comunidad judía enfrentó crecientes tensiones y violencia antisemita. Las leyes de Ayllón los obligaron a vivir en un barrio cerrado, delimitado por un muro que se extendía desde la plaza de San Nicolás hasta la Puerta de Coria.
En 1477, los condes de Plasencia confiscaron el espacio ocupado por el barrio judío, incluida la sinagoga, para ampliar el actual Palacio de Mirabel y el convento de San Vicente Ferrer. Tras esta expulsión, los judíos se reagruparon y constituyeron una nueva judería entre 1480 y 1492, en la zona de la calle Esparrillas y el cañón de las Bóvedas del Marqués. En este periodo, la Rúa Zapatería y la Plaza de Ansano fueron lugares clave, albergando la Sinagoga Nueva en el emplazamiento que más tarde se conocería como Palacio de Carvajal.
Actualmente, la historia de los judíos en Plasencia está fusionada con la cultura local. Quienes visitan el casco histórico pueden observar placas que indican las familias que habitaron en las antiguas casas judías. Además, la cocina sefardí y sus tradiciones están presentes en la gastronomía y en las fiestas de la ciudad. Plasencia forma parte de la Red de Juderías de España, una asociación que defiende el patrimonio urbanístico, arquitectónico, histórico, artístico y cultural del legado judío en el país.
Uno de los principales rasgos de la cultura judía en Plasencia es la conservación del cementerio judío medieval, ubicado en el entorno del Berrocal, al otro lado de las murallas de la ciudad. Este cementerio es visitable y en él se observan tumbas excavadas en las rocas con figura antropomórfica, cumpliendo las leyes judías para los enterramientos.
Hervás, ejemplo de conservación
La judería de Hervás es una de las mejor conservadas de España. Sus orígenes se remontan al siglo XIII, cuando la comunidad judía comenzó a establecerse en la villa. El barrio judío se caracteriza por sus estrechas calles empedradas y casas con entramados de madera de castaño, adobe y granito, reflejando la arquitectura tradicional de la época. Todavía Hervás conserva el sabor auténtico en su judería y celebra desde 1997 de forma ininterrumpida Los Conversos de Hervás, festival de teatro, música y gastronomía.
Durante el siglo XV, la comunidad judía de Hervás alcanzó su apogeo, llegando a contar con aproximadamente 45 familias. Los judíos de Hervás se dedicaban principalmente al comercio textil, arrendamiento de impuestos, préstamos con interés y medicina, profesiones comunes entre los sefardíes de la España medieval.
La sinagoga, según la tradición oral, se ubicaba en la calle Rabilero, número 19. Tras el Edicto de Expulsión de 1492, una parte significativa de la comunidad judía de Hervás optó por convertirse al cristianismo, formando la cofradía de San Gervasio y San Protasio, lo que les permitió mantener disimuladamente algunos de sus ritos hebreos. Sin embargo, en las primeras décadas del siglo XVI, sufrieron procesos inquisitoriales que llevaron a algunos a la hoguera.
En la actualidad, el barrio judío de Hervás es un conjunto histórico-artístico que atrae a numerosos visitantes. El municipio ha realizado esfuerzos significativos para preservar y restaurar este patrimonio.
Valencia de Alcántara
La judería de Valencia de Alcántara es la más extensa de la región y Bien de Interés Cultural en la categoría de Conjunto Histórico. Este barrio gótico-judío se ubica en la parte noroeste del casco antiguo, dentro del recinto amurallado de la localidad. Sus calles estrechas y laberínticas, adaptadas a la loma del terreno, reflejan la convivencia histórica de las comunidades cristiana, judía y árabe en la zona.
Las viviendas del barrio siguen un patrón común: edificaciones modestas de dos plantas con fachadas que exhiben elementos arquitectónicos de la época, como vanos de granito y arcos ojivales en las puertas, además de dinteles o arcos escarzanos en las ventanas. Es notable la presencia de ménsulas de cantería en las fachadas, utilizadas antiguamente como soporte para repisas de macetas. Asimismo, algunas casas conservan pequeñas hendiduras de unos 10 centímetros, conocidas como mezuzot, donde los judíos colocaban pergaminos con oraciones, evidenciando la práctica del culto hebreo.
Actualmente, se conservan 266 fachadas con arcos ojivales de las 280 que fueron inventariadas en 1489, lo que demuestra la riqueza patrimonial y la importancia histórica de este enclave.
En el corazón de la judería se encuentra la antigua sinagoga, construida probablemente entre los siglos XIV y XV. Este edificio de planta cuadrada cuenta con cuatro columnas de granito en el centro, unidas por arcos de medio punto que sostienen el techo de madera. Tras la expulsión de los judíos en 1492, la sinagoga fue profanada y utilizada como matadero, función que mantuvo durante siglos.
Alburquerque
La judería de Alburquerque, situada en la provincia de Badajoz, Extremadura, es un testimonio significativo de la presencia judía en la península ibérica durante la Edad Media. Ubicada en el barrio conocido como «Villa Adentro», también llamado popularmente «La Teta Negra», esta zona se encuentra dentro del recinto amurallado que rodea el imponente castillo de Luna, construido en el siglo XIV por Álvaro de Luna.
Las calles estrechas y empedradas de la judería conservan viviendas medievales que exhiben elementos arquitectónicos característicos de la comunidad judía anterior a 1492. Entre estos detalles destacan las hornacinas para las mezuzás en los marcos de las puertas, pequeñas cavidades donde se colocaban pergaminos con oraciones, reflejando la práctica religiosa hebrea.
Un punto de interés particular es la antigua sinagoga, situada a la sombra del castillo. Aunque ha sido restaurada y su estructura original ha sufrido modificaciones a lo largo del tiempo, su ubicación y existencia son testimonio de la vida religiosa de la comunidad judía en Alburquerque.
Además, en la iglesia de Santa María del Mercado, cercana al castillo, se encuentra una lápida funeraria perteneciente a un judío converso, identificada por una estrella de cinco puntas. En la torre del homenaje del castillo, es posible observar marcas de cantero con la letra hebrea «shin», símbolo de «Shaddai», uno de los nombres de Dios en la tradición judía. Asimismo, en el parteluz de una de las ventanas góticas de la torre, aparecen inscripciones que forman el tetragrámaton, el nombre sagrado de Dios en la tradición hebrea.
Burguillos del Cerro
La judería de Burguillos del Cerro está ubicada en la parte más antigua de la localidad, conocida como «Villa Adentro», este barrio conserva la esencia de su pasado sefardí.
Las calles de la judería, como Santa Catalina, Badajoz y San Juan, albergan más de quince casas que aún exhiben elementos arquitectónicos característicos de la época, como portadas con jambas y dinteles de granito y arcos ojivales. En algunas de estas viviendas se pueden observar huecos en las jambas, donde antaño se colocaban las mezuzás, pequeños pergaminos con versículos de la Torá que indicaban la protección divina sobre el hogar.
En el corazón de la judería se encuentra la Ermita de la Misericordia, que, según la tradición, podría haber sido una antigua sinagoga antes de la expulsión de los judíos en 1492. Este edificio, situado en una pintoresca plaza con un pilar en el centro, es un punto de interés para quienes desean profundizar en la historia sefardí de la localidad.
13/05/2025 | Fuente :El Periodico de Extremadura